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Una ruta para el recuerdo – II KDD Trail Almería

Amanece. El sol se abre paso tímidamente entre la bruma y trata de colarse por las rendijas de mi ventana. Ni siquiera fue necesario escuchar el sonido irritante del despertador, que metí dentro del casco la noche de antes para amortiguar su sonido y evitar despertar a la parienta e hijo y para no olvidar que el madrugón de hoy tenía otro fin que el habitual.

Todo preparado. El traje, el peto, las botas, la cazadora… y el camelback en la nevera. La moto me está esperando.
Son las 8.40, he quedado con Parayos en la rotonda al lado de casa. Las calles están desiertas, el silencio roto por el ronco sonido de mi compañera. Seguro que algún vecino estará mentando a parte de la familia. En fin…

Saludo a Parayos y nos dirigimos al lugar de encuentro. Una vez allí, en unos minutos ya estamos todos. Las ganas de aventura no dan lugar al retraso.

Desayuno. Las primeras risas y bosquejos de la ruta, aderezadas con “media mixta” y café con leche. Repostamos carburante y vicio y nos ponemos en marcha, por la aburrida autovía, hasta llegar a La Mojonera, desde donde realmente empieza nuestra aventura.

La bruma parece estar ganando la batalla al sol. La mañana está fresca y, dada la vestimenta que nos obliga, se agradece.

Tras un par de intentos fallidos, al final parece que hemos encontrado la pista correcta. A los pocos metros, la KLE de Parayos se para. En estos cambios de sentido hasta encontrar la pista, se le ha calado la moto en repetidas ocasiones.

Mejor no arriesgar y quedarse tirado. Lamentablemente tiene que darse la vuelta.

Ascenso. La pista serpentea en un inacabable ascenso. Son impresionantes las vistas que se empiezan a vislumbrar. Abajo queda el “mar de plástico” y el Mar Mediterráneo. Arriba, bosque de pino repoblado y las últimas nieves. Como foráneo que soy, no imaginé estos parajes tan al alcance de la mano. Del desierto a los bosques, fascinante Almería.

Una vez casi alcanzado techo, paramos en un refugio donde unos jóvenes parece han pasado la noche. Fotos de grupo y más paisajes anteayer inimaginables paramí.

Continuamos el ascenso, hasta que la nieve nos impide el paso y nos obliga a volver sobre nuestras rodadas.

Optamos por un camino roto que también parece ascender hacia el mismo lugar pero después de un tramo complicado y de ver que la nieve también nos puede cortar el paso, decidimos desistir.

Desgraciadamente, no somos los primeros humanos en llegar a ese lugar y alguien ya ha dejado “huella”: un botellín de cerveza trata, sin éxito, mimetizarse con el medio… Agustín, lo recoge para llevarlo al lugar donde debería estar. Como son estos moteros que nos destrozan los caminos…

Proseguimos el descenso, en dirección a Instinción. El camino es amplio, y aunque la gravilla lo hace un tanto peligroso en curva, permite dar gas con soltura en recta. Adrenalina y trail, ¡qué buena combinación!

En este punto, atroyador nos tiene que dejar. Sus obligaciones le obligan y no nos acompañará en la restauración. Un placer. Nos vemos en la próxima.
El resto del grupo, continuamos hasta Instinción donde paramos a comer.

Me gustó el sitio. No se puede pedir más para esta estupenda ruta. Buenas pistas y buen “llantar” como se dice en mi tierra: Unas berenjenas fritas con miel, un buen plato de trigo y unos calamares fritos, acompañados de sendas cervezas bien frías y, sobre todo, buen humor.

El dueño del hotel – restaurante, de talante árabe, nos agasajó con un té de la casa y nos enseñó las instalaciones. ¡Que más se puede pedir!

Con algunos kilos de más y con la pereza propia después de una comida copiosa, proseguimos la ruta de vuelta.
De camino, paramos en un santuario-mirador, desde el que se contemplaba todo el valle, salpicado de numerosos pueblos.

Luego, una pista muy divertida, con un firme con mejor grip, menos gravilla y buenas rectas que permitió dar gas e incluso poner 4º y alcanzar los 80 km/h de marcador. Frenar al final de recta, controlando la derrapada de atrás y meter el morro en curva, y luego gass… lo estoy viviendo según lo escribo.

Al poco llegamos a las inmediaciones de Felix, a una especie de lago ¿artificial – natural? :-D, donde paramos a que nuestras monturas abrevaran y descansaran nuestros cuerpos de tanta emoción junta. Todavía esbozo la misma sonrisa que cuando me baje de la moto en aquel lago.

Y aquí las protagonistas de esta historia:


Agustín – GS 650 Dakar


Motoruge – XT660R


Freewind – XT600


El menda – XTZ 660 Tenere

En seguida, llegamos a Felix. Donde tuvimos algún problemilla para salir del pueblo y nos metimos en una pequeña encerrona: una calle que se fue estrechando hasta tal punto que no pudimos dar la vuelta… lo malo es que la calle terminaba en unas escaleras, que hubo que bajar… mi pequeña, en el último escalón, beso el suelo de Felix, en parado y sin daños de importancia (maneta doblada que a estas horas ya está enderezada y en su sitio). Es lo que tiene no llegar bien al suelo, jeje, y sobre todo si tienes la rueda de atrás subida a un escalón…

Una vez ya en Roquetas, ducha (moto + piloto ;-)) y restaurar las presiones para el asfalto. Y vuelta ya para casa, que son las 19.30h y el sol comienza ya a buscar cobijo en el regazo del horizonte, sobre su cama de agua y su almohada de bruma.

En resumen, una ruta para el recuerdo.

¡Nos vemos en la próxima!

Saludos y Vss

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