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‘Monegros Desert’: Belchite (Día 3)

El cuerpo se adapta a todo. Tras 700 km de offroad, ya no hay cansancio y el cuerpo se va haciendo a la idea que eso es lo que hay: más moto.

El último día de nuestra aventura amanece gris. Una espesa niebla se cierne sobre Farlete, esto ya se asemeja más a la climatología habitual de la zona.

A las 7:30 h ya estamos en pie. Desayuno y despedida del buen amigo Ángel, que por motivos laborales tiene que retornar a su Murcia natal. Por delante le quedan unas largas horas de moto por carretera. 

Desayunados y pertrechados, iniciamos la tercera ruta, de 335 km, en dirección a Belchite, Embalse de Mequinenza y Fraga.

Tras repostar en la gasolinera de Monegrillo, comenzamos a cruzar buena parte de los Monegros, flanqueados por tierras de barbecho y campos de cereal que se funden con la espesa niebla. La visibilidad es baja y la niebla nos empapa a cada metro que avanzamos.

 

Sin embargo, una vez cruzado el Río Ebro, en las proximidades del pueblo de Pina de Ebro, los rayos del sol ganan la batalla y se abren paso dejando tras de si un día espectacular.

Paralelamente, viajo con gran dificultad la niebla no me deja ver y el frío condesa gotas en las gafas que no me permiten tener buena visibilidad. Tengo que avanzar a paso de ciclomotor y pararme antes de llegar a la capital. 

Tal es la cantidad de niebla (densa y posada sobre el suelo) que parece verse un espejismo de aspas voladoras sobre el cielo.

Cruzar la zona de autovías que circunda Zaragoza se vuelve peligroso por la falta de visibilidad y adherencia y me obliga a protegerme entre camiones para evitar estar en medio de la trayectoria de algún coche despistado.

Ya por la Autovía mudejar (mientras voy por Teruel) paso frío mientras estoy por la zona turolense. También padezco la incomodidad de tener que recolocar todo el equipaje para poder repostar (el tapón está en la parte trasera debajo de los bultos. Me daré cuenta también que se me está quemando la alforja cuando para a revisar (aunque a tiempo de evitar un accidente).

Al menos hay algunas esculturas como una en acero llamada “Gran toro” (2005, Julio Tapia Gasca) o Torres mudéjares (2008, Francisco Javier Bueno y Jose Luis Gracia). Hasta cerca de valencia no dejaré de pasar frío.

 

El resto del grupo prosigue su aventura, dirección a Belchite. Los últimos tramos son largas rectas que nos permiten avanzar rápido.

Ya en las proximidades de Belchite las vistas estremecen. Una torre semiderruida se alza en medio de lo que hasta ahora era una pista preciosa rodeada de huertas. No puedo seguir y tengo que detener la moto. 

Belchite es un pueblo situado a 50 km de Zaragoza, que fue escenario de una de las batallas de la Guerra Civil Española, la batalla de belchite (agosto de 1937).

A cada metro que vamos recorriendo vamos descubriendo señales de la batalla: socavones de las bombas de la aviación, restos de ráfagas de ametralladora, metralla, dolor y ruinas. 

Todo impertérrito. Todo en silencio. 

Forma parte de nuestra historia reciente, y bien merece ser recordado, para que no se vuelva a repetir. 

Nunca más.

Después de dar una vuelta alrededor del Pueblo Viejo, decidimos repostar las máquinas y tomar algo antes de re-emprender la marcha.

Seguimos en dirección a Quinto por una carretera de largas rectas. Avanzamos como pequeños puntos en la inmensidad, entre barbecho y alfalfa.

 

Llegados a Quinto, cruzamos el Río Ebro. 

Y por fin dejamos la monótona carretera y nos adentramos por pista hasta las inmediaciones del Embalse de Mequinenza, también conocido como “Mar de Aragón” o “Mar de Caspe”.

Pequeños tramos de sierra se intercalan con impresionantes llanuras de cultivo.

Aunque llevamos un ritmo rápido, todos vamos a la par, si bien de vez en cuando hacemos alguna parada para agruparnos: bien para disfrutar de las vistas o para revisar algún tema mecánico.

Entre parada y parada, seguimos disfrutando y deleitándonos de todo lo que nos rodea.

Llegamos a las inmediaciones de Fraga. Tenemos que atravesar la carretera, atestada de camiones. La gasolinera en la que teníamos previsto repostar ha sido desmantelada y decidimos seguir el track y repostar más adelante, evitando así meternos en Fraga y coger la carretera.

Aunque de la gasolinera sólo queda el chasis, a pocos metros hay un pequeño bar-restaurante en el que decidimos parar a comer, que ya son las 15:10 h.

Para nuestra sorpresa, además del trato y el menú, en el Bar Restaurante El Ventorrillo se rodó la película ‘Jamón Jamón’ (Bigas Luna, 1992).

Así, rodeados de cine, nos metimos un buen homenaje.

Retomamos ruta, ya camino de vuelta a Farlete, volviendo a atravesar Los Monegros. 

La siguiente gasolinera tampoco existe ya pero aunque hay dos motos con la autonomía comprometida, y a pesar de que la luz empieza a caer, no queremos dejar de completar la ruta y disfrutar de las últimas instantáneas que nos ofrecen estos paisajes. Mientras, iremos repostando las dos motos gracias al depósito de la 640.
 
 
Barranco de la Estiva, que nos ofrece los encantos de la geología, originados por la erosión del terreno calizo, marcada a causa de las precipitaciones, el viento y la gelifracción.
 
Sin palabras. Broche final pocos minutos antes de quedarnos totalmente a expensas de los focos de las motos.
 
 
 
 
Seguimos por pista hasta Monegrillo. Gasolinera cerrada. No queda otra que apurar reserva hasta llegar a Farlete. Con tan sólo la luz del faro, la sensaciones por pista son indescriptibles. No es la primera vez ni mucho menos, pero en ese contexto de despedida se engrandecen.
 
 
Llegamos a Farlete y decidimos tomar una cerveza en el bar y así también despedirnos de la gente del pueblo que nos ha acompañado varias noches.
 
 
 
Ya en casa, entre duchas, preparamos la cena y apuramos los últimos momentos.
 
 
 
 
El cansancio ya no perdona y mañana toca madrugar, limpiar, cargar motos y 800 km de asfalto en furgoneta. Pero eso, ya es otra historia.
 
 

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Espero que nuestra aventura os haya servido para distraeros, conocer nuevas cosas y reír, como dice Jorge.

Permitidme contaros una última cosa: es posible que hoy mismo podáis distraeros, descubrir nuevos sitios y reír porque no hace falta cruzar el atlántico, ni atravesar desiertos, ni protagonizar grandes epopeyas, basta solo con estar atento y vivir en cada momento y cada lugar al máximo. Lo tenemos aquí y ahora. Más cerca de lo que pensamos.

 

A parte de disfrutar de nuestra afición y descubrir nuevos territorios, nos hemos hartado a reír y a disfrutar conviviendo.

Todo ello sin duda hace que estos días perduren para siempre en mi memoria.

Gracias por formar parte de ello.” [Jorge]

 

 

 

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Un comentario

  1. Gran viaje, gran compañía, fantástica crónica y magnífica conclusión final!

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